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Artículo
El Programa Forestal
en Marulanda
La
zona montañosa de Marulanda, aún cuando tiene un gran potencial
productivo, ha experimentado un proceso intensivo en el uso de las
tierras disponibles para cultivos y pastoreo, producto de la
sobrepoblación. Una de las consecuencias de esta situación ha sido el
rápido agotamiento de las fuentes de leña disponibles para las familias
agricultoras: los arbustos y árboles de las tierras comunales que
proveían de leña a las familias estaban desapareciendo por la
sobreexplotación, así como de la apertura de nuevas tierras de cultivo
y el sobrepastoreo.
Las mujeres, tradicionalmente responsables de la recolección de leña
para uso doméstico, se veían forzadas a dedicar cada vez más tiempo a
la búsqueda y recolección de leña. Las fuentes disponibles de leña se
encontraban lejos de los poblados, mientras que en sus alrededores sólo
era posible encontrar pequeños tocones y ramas de baja calidad. Esto
ocasionaba diversos problemas en la vida cotidiana de las mujeres: la
necesidad de caminar largas distancias cargando pesados haces de leña
(muchas mujeres se quejaban de dolor y rigidez de cuello y espalda),
escasez de tiempo para actividades sociales e incluso para descansar, y
también tensión familiar. Los hombres no aceptaban que las mujeres
estuvieran lejos de la casa mucho tiempo, y se quejaban de que las
comidas no estaban listas a tiempo o no estaban bien preparadas.
Intervención
del programa
El análisis de las serias presiones energéticas en las montañas de
Marulanda produjo el lanzamiento del Programa de Desarrollo de
Combustibles a partir de la Leña (PDCL) de Marulanda, por parte del
gobierno nacional, en 1996. Los fondos para este programa provinieron
de instituciones de financiamiento europeas y el programa quedó a cargo
del Ministerio de Energía (ME). Dado que el ME carecía de personal de
campo, el programa optó por contratar a una empresa de consultoría para
llevarlo a cabo. Los consultores decidieron iniciar el trabajo en dos
distritos de Marulanda, estableciendo una oficina y contratando
personal de la misma zona. Todos los miembros del equipo técnico (cinco
hombres y una mujer) tenían conocimientos de forestería.
Las
razones para desarrollar el programa a nivel de piloteo en estos dos
distritos, Comala y Macondo, fueron sus características: alta densidad
de población y existencia de fincas de pequeña escala. Las familias
agricultoras en su mayoría, estaban enfrentando una seria escasez de
leña. Aunque los habitantes de estos dos distritos pertenecen a
distintas etnias, sus sistemas productivos eran similares: una mezcla
de agricultura (cultivos de autoconsumo
como maíz, frijol, plátano y camote; cultivos comerciales como café,
tabaco y caña de azúcar) y crianza de animales (vacas y cabras
lecheras).
Ambos distritos se encuentran a una altitud media (entre 1.600 y 2.000
metros sobre el nivel del mar). Tienen una temporada de lluvias entre
abril y octubre, aunque en Comala es menos intensa, registrándose
alrededor de 1.450 milímetros de precipitación anual, en contraste con
los 1.970 milímetros que se registran en promedio en Macondo.
Durante
algunos años, el ME había estado promoviendo la creación de parcelas
forestales para sembrar eucaliptos y acacias Mimosa en las tierras
comunales y en los alrededores de las escuelas, buscando ampliar la
disponibilidad de leña de buena calidad como combustible. Al ser ambas
especies de rápido crecimiento y fácil expansión, eran idóneas para
satisfacer las necesidades de recolección de leña.
Paralelamente, el ME había promovido también la introducción de
estufas. Aunque algunas mujeres utilizaban estufas de parafina, la
práctica de cocina más común era el fuego abierto y una plancha sobre
tres piedras colocadas alrededor del fuego. En la perspectiva del ME,
esta técnica tradicional para cocinar no aprovechaba eficientemente la
energía, mientras que se disponía de una buena alternativa: una estufa
pequeña hecha de láminas de metal y cerámica, a precio accesible y
portátil, de modo que podía utilizarse en cualquier parte.
Además de estos dos proyectos del ME, el nuevo programa decidió
centrarse en la introducción de tres nuevas especies con potencial para
la producción de leña (Mimosa scabrella, Leucaena leucocephala,
Calliandra calothyrsus) y en aumentar los nichos forestales para
sembrar árboles, sumando parcelas privadas, propiedad de las familias
agricultoras, a las ya establecidas en terrenos comunales y escolares.
Investigación
acción
El equipo del programa logró establecer un grupo de personas de
contacto (formado sólo por hombres) en tres poblados del distrito de
Comala y dos de Macondo. Al grupo se le dieron a conocer los resultados
de la encuesta sobre energía realizada por el me dos años atrás.
Durante la discusión quedó claro que los representantes seleccionados
estaban dispuestos a sembrar árboles y a probar las especies propuestas
por el programa.
Se decidió conjuntamente hacer un pedido de semillas de las tres
especies, mientras cada uno de los representantes de los poblados
establecía una parcela con una de las especies en su propia chacra. Con
el personal del programa, se realizaría el monitoreo del crecimiento de
las distintas especies en las chacras de los agricultores, y los
resultados se discutirían dos veces al año en una reunión distrital en
la que participarían las personas de contacto y otros actores de los
cinco poblados (incluyendo a las autoridades de las comunidades y a
otras personas).
Pronto fue claro que las mujeres no se involucraban directamente con
las actividades del programa. Las responsabilidades y tareas
generalmente se dividían según el género; en la tradición local, la
siembra y el manejo de los recursos forestales correspondía a los
hombres, aún cuando la recolección de leña y la preparación de los
alimentos eran tareas femeninas. Para tratar de involucrar a las
mujeres en las actividades del programa se decidió trabajar con grupos
de mujeres para probar las estufas propuestas por el ME.
Resultados y conclusiones
El programa fue desarrollado durante cinco años, desde 1996 hasta 2001.
En el último año, el equipo técnico realizó una amplia evaluación con
la participación de un evaluador externo. Para entonces, algunos de los
miembros del grupo de contacto habían logrado establecer una parcela en
su chacra. Los eucaliptos y los Mimosa scabrella eran muy bien
valorados por los contactos, dado su rápido y firme crecimiento. Los
Leucaena leucocephala habían sufrido el ataque del pulgón psyllis,
mientras que los Calliandra se veían más como plantas ornamentales por
sus características arbustivas y sus llamativas flores rojas.
Aquí
surgieron otros problemas. Dado que ninguna de las tres especies
introducidas por el programa eran originarias de Marulanda, las
semillas tenían que traerse de fuera, lo cual no sólo era costoso sino
que en ocasiones el envío se demoraba. Como resultado, los plantones en
el vivero del programa eran aún muy pequeños al iniciarse la temporada
de lluvias y la siembra en las parcelas forestales se iniciaba cuando
la temporada ya estaba muy avanzada. En
algunos casos las parcelas fracasaban pues los árboles demasiado
jóvenes no resistían el periodo de secano.
Había
pocos casos de familias beneficiadas con leña de estas parcelas. Las
mujeres señalaron que no se les permitía cortar ramas de árboles de las
parcelas familiares. Por otro lado, las estufas mejoradas fueron muy
apreciadas por las mujeres que las habían probado. Descubrieron que no
era práctico usar leña como combustible para estas estufas, pero
funcionaban muy bien con carbón, más barato que la parafina. Otra
ventaja era que podían desarrollar nuevas actividades productivas, como
la preparación de alimentos en el mismo mercado local.
Ampliación del proyecto y
cambio de estrategia
Los debates al interior de la empresa consultora y del equipo técnico
del programa trajeron nuevos puntos de vista. Se dieron cuenta de que
el enfoque había insistido demasiado en la siembra de árboles y en la
introducción de métodos más eficientes de uso de la energía para la
preparación de alimentos, como si la crisis energética local fuera el
único problema que enfrentaban las familias agricultoras. Los enfoques
participativos de desarrollo rural habían descubierto que la
problemática de Marulanda era múltiple: baja producción agrícola,
escasas oportunidades económicas, escasez de agua potable y servicios
de salud y educación de mala calidad. Así, se propuso un enfoque más
integrado para una posible ampliación del programa, especialmente en lo
relacionado con los temas de participación de los actores y de género.
En lugar de aplicar una nueva estrategia en los mismos distritos, se
sugirió a las instituciones de financiamiento iniciar el trabajo en dos
distritos más (Santa María y Yoknapata), con el objetivo de extender la
influencia de las actividades que ya habían tenido éxito en la primera
fase. Las donaciones llegaron y el Programa de Desarrollo de
Combustibles a partir de la Leña y Agroforestería (PDCLA) de Marulanda
comenzó a fines de 2001. La adición del término «agroforestería » era
una señal del enfoque más integral adoptado ahora. El concepto de
«combustibles a partir de la leña» se mantuvo porque el programa seguía
formando parte de los proyectos del ME.
Se contrataron nuevos miembros para el equipo del programa y para los
equipos técnicos que trabajarían en los nuevos distritos incluidos en
el programa. Se añadieron también coordinadores para temas de género y
un asesor para temas de agroforestería. Todos los miembros del equipo
(antiguos y nuevos) pasaron por un proceso de reorientación que incluyó
capacitación y visitas de estudio para mejorar sus conocimientos y
capacidades. El concepto de agroforestería trajo nuevas opciones para
el abordaje del establecimiento de parcelas forestales (mezcla de
parcelas forestales con cultivos, forestería en los límites de las
chacras), y se consideraron muchas otras especies de árboles. La idea
general fue que un árbol puede proveer más productos y servicios además
del combustible (leña). Algunas especies podían probarse como
mejoradoras de la fertilidad del suelo, o como proveedoras de sombra
para cultivos y animales. Así, se abordaría el problema de la baja
productividad agrícola, manteniendo la provisión de energía a partir de
la leña. Los agricultores también se mostraron interesados en el manejo
de especies frutales por las oportunidades económicas que representan.
Los frutales necesitarían regímenes regulares de poda, lo cual
aportaría más leña.
El planeamiento de las actividades del programa involucró a
representantes de los cuatro distritos. Durante este proceso se sugirió
que los plantones podrían producirse directamente por los agricultores
en viveros familiares, reduciendo costos y distancias de transporte,
así como riesgos de daño para los propios plantones. Algunos
agricultores vieron también la posibilidad de producir plantones para
comercializar, creándose una nueva fuente de ingresos.
Más resultados y conclusiones
El PDCLA (segunda fase de la experiencia) se implementó durante otros
cinco años. A fines de 2006 llegará a su fin y todos los temas
pendientes serán transferidos directamente al ME. Los resultados de
esta segunda fase son hasta ahora muy alentadores. Los logros incluyen
el uso de un creciente número de especies arbóreas en las parcelas
forestales de los agricultores, incluyendo especies nativas de
Marulanda. Es interesante notar que las especies promovidas al
principio, eucalipto y acacia Mimosa, ya casi no se utilizan pues,
aunque son buenas en cuanto a la producción de leña, su alta
competitividad las hace inadecuadas para convivir con cultivos y otras
especies forestales. Hoy los agricultores prefieren utilizar especies
arbóreas y arbustivas que pueden combinarse con cultivos y que además
de leña proveen a las familias de legumbres, frutas, bases para cercos
vivos y otras construcciones; forrajes para animales y abejas; abonos
verdes y medicinas. Asimismo, estas especies proveen servicios como
sombra, mejoramiento de la fertilidad del suelo y barreras contra el
viento. Hoy las fincas familiares de los cuatro distritos pueden
ofrecer suficientes semillas y plantones de muchas de estas especies.
En todos los poblados que participaron en el PDCLA existe al menos un
vivero que produce plantones de diversas especies para comercialización
a nivel local. Durante la segunda fase las mujeres se involucraron más
decididamente, lo cual tiene que ver con el cambio de enfoque, que pasó
de centrarse en la leña a una aproximación integrada. Las mujeres en
Macondo desarrollan diversas tareas productivas, desde la siembra y el
deshierbe hasta la cosecha de los cultivos principales. Han podido
apreciar el efecto de los servicios de los árboles sobre la
productividad de sus cultivos, sobre el cuidado de sus animales y
también sobre su propio bienestar. Estos factores no sólo incrementaron
la participación de las mujeres en las actividades del programa sino
que también han tenido un efecto positivo en la comunicación y
colaboración entre hombres y mujeres al interior de las familias. El
problema de la disponibilidad y uso de leña ha podido ser discutido en
las familias, provocando el interés por generar sus propias soluciones.
En algunos casos se ahorra el dinero familiar para la adquisición de
carbón para las estufas mejoradas, mientras en otros casos se aprovecha
el follaje de arbustos frondosos sembrados en el huerto familiar, los
cuales se podan, se secan y quedan como una buena provisión de
combustible.
Otros impactos tanto socioeconómicos como ambientales se han observado
gracias al aumento de las áreas forestales en Macondo. Muchas familias
están tomando más seriamente la producción agrícola ahora que han
comprobado que es posible vivir con dignidad y calidad, de la propia
tierra. Algunos agricultores que habían emigrado a la ciudad, han
vuelto a sus fincas para hacerlas productivas. Otros aseguran que el
valor de su propiedad ha aumentado notablemente. Aunque nadie querría
vender su propiedad después de la inversión efectuada y de los buenos
resultados obtenidos, dicen que de hacerlo, el precio sería mucho más
alto que antes.
Un
resultado ambiental que se ha observado es que los ríos estacionales
hoy tienen agua durante más tiempo que antes, lo cual puede deberse a
la reducción de la erosión, el mejoramiento de la infiltración y la
retención de agua en el suelo que permiten las raíces de los árboles. Y
la mayor disponibilidad de agua ha redundado en un mejor nivel de vida
para los pobladores de esta región montañosa.
La
sostenibilidad del proceso
Después de diez años de trabajo, el programa llega a su fin este año.
Las instituciones de financiamiento consideran que lo mejor será
terminar el programa propiamente dicho y transferir sus activos (y sus
pendientes) al me. Se espera que el personal del me que ha sido
comisionado a los distritos de Comala, Macondo, Santa María y Yoknapata
para dar seguimiento al programa, será capaz de proporcionar
asesoramiento y apoyo técnico a las comunidades que participaron del
PDCLA, así como a otros agricultores interesados en aprender de esta
experiencia. Todas las experiencias tanto del PDCL (primera fase) como
del PDCLA (segunda fase) han sido sistematizadas y puestas al alcance
de los diferentes participantes. Además de esto, se han publicado
varios folletos sobre diversos temas, tales como: gestión de viveros
forestales, producción de semillas de calidad, manejo forestal y
sistemas agroforestales, todos ellos basados en los conocimientos y
experiencias producidos por el programa.
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